miércoles, 7 de diciembre de 2016

Conquístame si puedes: Capítulo 18

Capítulo 18:

—Abre la puerta Liam. —la voz de su compañero Joshua no le provocó ninguna reacción.
Siguió metido en su ordenador y en la búsqueda de imágenes. Había logrado piratear las cámaras de seguridad de los locales cercanos al restaurante donde había desaparecido su hermana y las estaba cotejando para saber quién sacó a la fuerza a Lisel.
—Tiraré abajo la puerta. No me obligues a eso.
—Que te den. —gruñó, no estaba de humor para soportar a nadie.
Por quinta vez no había resultado favorable. Bufó desesperado y cerró el portátil, saltó del sofá y abrió a su compañero. Su mirada enfadado no le impresionó, que hiciera lo que quiera todo estaba justificado para encontrar a Lisel.
Joshua inspeccionó el apartamento de Liam con la mirada y pronto supo lo que había estado haciendo los últimos días. Cerró la puerta y supo que la tempestad estaba a punto de abrirse. Era como esperar una tormenta de arena en pleno desierto sin cobijo posible.
—¿Te has cuenta de lo que estoy haciendo por ti? —gritó su compañero.
Liam no se molestó, fue a la nevera y tomó una cerveza.
—Tienes a todo el mundo intentando rastrear tu culo y encerrarte por un montón de delitos. En menos de una semana has torturado, pirateado, amenazado y casi atropellado a diferentes personas.
—Y sigo tan lejos de encontrarla como el primer día.
Su apartamento era un lugar pequeño de apenas tres estancias. Al entrar llegabas al comedor cocina, donde había un gran sofá gris y justo delante su mesa escritorio donde tenía las mejores vistas de la ciudad. Era una ventana grande y que hacía que entrara el sol todo el día y calentara su hogar. Su habitación era pequeña pero funcional, no necesitaba muchas cosas para vivir. Y el lavado con tener una ducha decente se conformaba.
Liam caminó hasta su escritorio y lo abrió para seguir con la búsqueda. Joshua llegó hasta él y vio que iba a tomar la pantalla del ordenador pero él le tomó por la muñeca antes de que lo hiciera. Sin mirarlo llevó su mano hasta el pecho, justo donde tenía la funda de su arma y la tomó en sus manos para quitarle el seguro.
—¿Enserio? ¿Ahora nos disparamos entre nosotros? —se mofó su compañero.
—Si no me dejas seguir buscando a Lisel sí.
No pestañeó, únicamente quería seguir con la búsqueda lo antes posible. Ya nada le importaba salvo encontrarla.
—Hace diez años que trabajamos juntos.
—Y pienso volarte la rodilla como no te muevas.
Joshua comprendió cuánta realidad había en sus palabras y soltó el ordenador. Fue a la nevera en busca de una cerveza y se tiró sobre el sofá mientras él seguía trabajando.
—Seguiré ayudándote pero no mates a nadie.
Liam saboreó el amargo líquido dorado que llenó su boca y contestó:
—Depende de cómo aparezca.
Supo el significado del silencio cuando Joshua no habló y no quiso barajar esa posibilidad. Sí, después de un mes ya apenas habían esperanzas de encontrarla y el pensamiento de no volverla a ver hacía que su estómago se retorciera dolorosamente. No podía imaginar algo semejante, Lisel debía volver a casa.
—Liam…
Él intentaba decirle algo, pero ya sabía lo que iba a ser. No necesitaba escuchar a nadie, no era prudente pedir que dejara la búsqueda.
—Necesitas descansar.
Liam, furioso, cerró el portátil y lo encaró.
—¿Ves a mi hermana?
Joshua negó con la cabeza.
—Pues no voy a parar hasta encontrarla. Si tengo que pasar por encima de alguien lo haré.
—Tío, te han quitado la placa y el arma. Obviamente no era la única que tenías pero, el caso es que debes dejarte ayudar.
Liam llegó al punto máximo, estaba a punto de cometer un asesinato allí mismo. Aquel hombre era como su hermano y no comprendía el infierno que estaba viviendo. ¿Cómo no le comprendía? ¿Cómo podía seguir indiferente si él estaba viviendo una pesadilla?
—¡LÁRGATE! —bramó preso de la ira señalando la puerta.
Joshua negó con la cabeza provocando que Liam le apuntara en la cabeza con el arma. Era real, era peligroso y estaba a punto de hacerlo si no pensaba bien sus próximos movimientos. Se sentía traicionado y desesperado. Demasiados días sin dormir, mucho tiempo buscando a una mujer que parecía haberse evaporado.
Su compañero alzó las manos, estaba evidentemente asustado por el arma que sostenían contra él.
—Solo estás empeorando las cosas.
—Si sigues voy a volarte los sesos. Lo digo muy enserio.
Se levantó y comenzó a caminar hacia la puerta de espaldas, sin perder de vista a un Liam que había perdido el juicio.
—Contrólate hombre. Necesitas ayuda y puedo proporcionártela.
Liam señaló el pomo de la puerta con el arma y su compañero entendió la orden, abrió dispuesto a irse y chocó contra una señora. Pegó un brinco asustado y Liam escondió el arma rápidamente para que no se asustara.
—Disculpe. —dijo Joshua.
—No se preocupe. –sonrió y miró a Liam, entonces su gesto cambió a preocupación- ¡Oh, querido! Espero no haber llegado demasiado tarde.
Liam parpadeó sin poder comprender nada. Aquella mujer iba vestida con una capucha, se descubrió el rostro y reconoció que era una mujer atractiva pero no tenía tiempo para intentar ligar.
—No la conozco.
—Yo a ti sí. Y sé dónde está Lisel porque la advertí antes de que partiera.
Liam sintió que la sangre abandonaba su cuerpo, notó como su mano dejaba caer el arma y caía sonoramente contra el suelo.
—¿Lisel? ¿Sabe dónde está mi hermana?

***

<<Aidan corrió hacia los establos, Thorn le esperaba y no quería llegar tarde. Su hermano menor no era extremadamente puntual pero él no pensaba pecar por ese mismo lado. Camino a su destino se cruzó con unas pocas doncellas, todas le sonrieron y una muy adorable morena se sonrojó cuando él le dedicó una mirada exclusiva.
Las mujeres deseaban su compañía y él, tras sus obligaciones, tal vez comenzara a plantearse experimentar el calor corporal y la dulzura de una mujer en su alcoba.
Estaba cerca de su decimosexto cumpleaños, pronto le buscarían una esposa acorde a su estatus y debía disfrutar antes de ser atado a un triste matrimonio. No todos tenían la suerte de sus padres, ellos habían contraído matrimonio sin conocerse y, al poco tiempo, la chispa del amor les había envuelto. Aidan no pensaba que gozaría de la misma suerte, aún así, estaba dispuesto a hacer lo necesario por su pueblo.
Iba a ser un buen Rey, algún día.
Thorn salía de una cuadra vacía cuando entró en el establo. Aidan le miró asombrado.
—Has madrugado hermano, sorprendido es poco.
Su hermano tenía catorce años pero ya gozaba del cuerpo de un guerrero, pronto el ejército gozaría de un soldado más.
Una risa femenina hizo que frunciera el ceño, tras su hermano se levantó una doncella que se ajustaba el vestido. Al verle se sonrojó y se ocultó tras de Thor, no había que ser un genio para comprender que los hobbys de su hermano comenzaban a ser las mujeres.
—¿Ya? —preguntó sorprendido.
Thorn se encogió de hombros, giró sobre sus talones y le quitó un trozo de paja a la mujer antes de darle un suave golpe en el trasero y hacerla marchar. La doncella hizo una pequeña reverencia y guiñó el ojo a Aidan.
—Majestades. —dijo educadamente y se marchó.
Thorn lucía una sonrisa pletórica.
—Es algo mayor que nosotros pero hace… —se quedó callado pensando sus próximas palabras y prosiguió—Le has gustado, pásatelo bien.
Aidan hizo caso omiso y prefirió ir a preparar su caballo.
—Sé que no eres virgen hermano, te he visto con mujeres. No te hagas el remilgado conmigo. —se quejó Thorn.
—No pienso tener esta conversación contigo. —dijo tajantemente.
Horas más tarde volvían de un largo paseo, habían cazado, habían nadado por el helado río y volvían a su hogar tranquilamente. Aquel había sido un buen día, ya tenían pocos días como aquel, ambos habían asumido las obligaciones que les correspondían como príncipes y debían hacer lo que era mejor para el reino de Eneor.
—Un baño caliente, un poco de vino y una compañía femenina hará que descanse tranquilo. —rió Thorn.
Quiso entornar los ojos pero un dolor agudo en el pecho hizo que se desplomara del caballo. Y toda su vida cambió en aquel mismo instante, ya no era únicamente Aidan. Ese mismo día se convirtió en el ser más temido del reino.
Los latidos de corazón era tan dolorosos que apenas era capaz de respirar, deseó gritar, pedir auxilio. Intentó gritarle a Thorn que le ayudara, que se moría por dentro y todo su interior se deshacía por dentro.
Era como si su carne se estuviera abriendo, como si todos sus huesos se estuvieran partiendo y no quedara nada de él. entonces, la escuchó, esa bestia que cambiaría su vida para siempre. Esa sed de sangre enfermiza, ese deseo tentador de sesgar vidas.
Fue entonces consciente de lo que ocurría y tomó de todas sus fuerzas para hacer un último intento por gritar. La bestia, feliz por el recibimiento le dejó hacer tranquila, sabiendo que lo siguiente que haría sería destruir todo a su paso. Esperó pacientemente.
—¡CORRE THORN!
Y, entonces, tomó el control.>>





jueves, 1 de diciembre de 2016

Conquístame si puedes: Capítulo 17

Capítulo 17:

Naylea paseaba entre los pasillos escondidos del Castillo, era su forma de evadirse de todo. Ser princesa no era del todo fácil y esperaban demasiado de ella. Al menos, no eran tan duros con ella como lo eran con Iara.
No sabía exactamente qué estaba ocurriendo, los guardias corrían, la gente chillaba y las aprendices de brujas reían. Eso eran suficiente piezas para que el puzle fuera escalofriante, armar a mujeres con varitas era divertido y peligroso.
–Locas, estoy… ¡y no se va!
Escuchó balbucear a Lisel y decidió que era el momento de actuar. Apartó el cuadro que cerraba su escondite secreto y vio pasar a una mujer con un enorme vestido violeta y una larga melena. Parpadeó atónita unos segundos antes de reaccionar.
<<¿Aquella era Lisel?>>
–¿Pero qué te han hecho?
La pobre muchacha se giró y se abrió de brazos haciendo que la mirara mejor. La verdad que estaba horrible.
–Reina, las brujas no han tenido piedad.
–Parezco la versión cupcake de Rapunzel.
Naylea no la entendió, debía ser algo de su mundo, tampoco preguntó; en aquellos momentos necesitaba volverla a la normalidad. Señaló el cuadro, le enseñó el pasadizo y le sonrió.
–Entra, te ayudaré.
Lisel no se lo pensó, entró en el pasadizo y Naylea también, cerrando para que nadie viera el pasadizo.
–¿Tienes conocimientos de bruja? –preguntó Lisel sorprendida.
La princesa negó con la cabeza y sonrió, no tenía dichos conocimientos peor no era la primera vez que Mirabella ejercía de profesora de aprendices. No era tampoco la primera vez en la que un hechizo provocaba una locura en el Castillo, con el tiempo había aprendido que los efectos de la magia se evaporaban en unas pocas horas.
Hasta entonces era mejor que Lisel permaneciera oculta, dejando que nadie viera aquella versión tan extraña de ella.
Se lo explicó y la condujo por diferentes pasillos hasta llegar a un jardín pequeño, el cuál era su escondite en sus momentos más tristes. Su santuario.
–¡Este lugar es hermoso! –exclamó sorprendida.
Naylea sonrió.
Sí, aquel lugar era su rinconcito lugar. Un pequeño jardín verde y repleto de rosales blancos y rojos. No había nada más a excepción de un gran manzano en el centro que proporcionaba sombra y cobijo los días más calurosos.
–Es mi lugar secreto. –confesó tímidamente.
–Y entiendo porqué. Es bellísimo. Un lugar muy tranquilo. –caminó hasta llegar al árbol y se sentó en la sombra. –Gracias.
Naylea miró más allá y bajo todas aquellas capaz de vestido violeta había una Lisel mucho más delgada que cuando llegó, con grandes ojeras y un gran agotamiento abrazándola. De echo, estaba sentada allí con la espalda contra el árbol y a punto de quedarse dormida.
–¿Estáis bien?
–Sí.
Se acercó a ella y se sentó.
–En mí podéis confiar.
Lisel suspiró agotada, había cerrado los ojos y negó con la cabeza.
–No quiero estar penando con lo mismo siempre. Así que he decidido que estoy bien y voy a disfrutar de mi estancia aquí.
Naylea negó con la cabeza.
–Es normal que te sientas así, los días pasan y es lógico- pero te recomiendo dejarte engordar por Lotha.
Lisel rio y tocó su vestido, sí, le quedaba grande. Se le había hecho a medida hacía escasos días y, ahora, casi cabían dos mujeres dentro. Comenzaba a ser preocupante y ella se iba a encargar personalmente de que eso ocurriera.
–Cocina genial.
Eso la hizo sonreír, aquella mujer estaba viviendo algo extraño pero comenzaba a adaptarse al Castillo. Amara o no a Aidan esperaba que disfrutara de aquel lugar mágico y especial.
–En la cena de esta noche te vigilaré bien de que comas.
Eso hizo que Lisel se pusiera seria. No quería ser vigilada.
–No es necesario.
–Sí lo es. Tómalo como si fuera tu hermana.
–Menor. –dijo Lisel contundentemente.
Naylea rio.
–Sí, pero estoy al mando.
Ella bufó sonoramente y la fulminó con la mirada.
–Eres cruel.
–Ni te lo imaginas.
Ambas quedaron en silencio, disfrutando del canto de los pájaros. Naylea volvió a mirar a Lisel y ésta se había dormido. Sonrió, era adorable verla tan tranquila. En aquella postura le iba a doler la espalda y, además, hacía algo de frío. Así que, sintiéndolo mucho se acercó a ella y posó su mano en el hombro.
Lisel aleteó un poco con las pestañas y la miró confusa.
–Te acompaño a tus aposentos, descansa lo que necesites.
–Lo siento.
–No hay nada que disculpar.

***

Naylea la había dejado en su habitación y ella se había tumbado en la cama. El sueño se había esfumado y gruñó enfadada. Hacía dos días que no lograba dormir y comenzaba a estar cansada de aquella situación.
Debía ser cerca de la hora de la cena ya que el sol comenzaba a esconderse. El atardecer era hermoso.
Bajó de la cama y se acercó a la ventana. Miró hacia abajo y vio a unos guardias comenzar a hacer su guardia. Aquel lugar estaba fuertemente vigilado y protegido, eso debía ser suficiente para conciliar el sueño, necesitaba volver a dormir o iba a parecer un zombie.
Un pequeño ruido en el pasillo llamó su atención gatuna, era tan curiosa como un felino y no podía resistirse.
Caminó de puntillas hasta la puerta y la abrió lentamente. Decepcionantemente no había nadie, lo único que agradeció fue que no había visto a Thorn tontear con alguna doncella. Estaba cansada de ver a ese hombre ligar con todo ser que respira.
Salió y cerró la puerta de su habitación.
–Ya me imagino las cosas. –se dijo a sí misma.
Un gruñido tras ella hizo que se quedara paralizada. El dragón no podía ser pero aún así no había sonado cerca de ser humano o perruno.
Caminó tratando de ignorarlo y ser capaz de ser airosa de aquella situación, creyó estar libre salvo por el detalle de que un segundo gruñido la hizo temblar de los pies a la cabeza. Pronto su mente se llenó de imágenes de la segunda bestia, la más cercana a la humana pero no por eso menos aterradora.
Lisel giró sobre sus talones y se topó de frente con la bestia y lo peor era que no parecía contenta. Hizo todo el esfuerzo posible para evitar gritar y respiró lo más tranquila que supo, no era capaz de seguir ahí plantada.
Sus ojos azules parecían encenderse y todo el cuerpo de Lisel le pidió que corriera lo más lejos posible. Y eso hizo, giró y comenzó a correr como alma que llevaba el diablo. Eso hizo que la bestia rugiera de forma que todo el pasillo retumbara.
El corazón iba a salírsele del pecho.
–¿Por qué yo? –se preguntó sin mirar atrás.
Y, cuando iba a girar el pasillo, la interceptó y la tomó de la cintura. Lisel gritó y lo pateó con fuerza, los pies le dolieron al hacerlo puesto que aquel ser era más duro que una roca.
La golpeó contra la pared y el aire hizo que sus pulmones se vaciaran. Le costó recobrar el aliento y, para cuando lo hizo, echó la cabeza hacia atrás con fuerza para golpearlo contundentemente.
Eso la enfureció todavía más. La giró hasta dejar su espalda golpear la pared, Lisel gritó al ver sus colmillos afilados. Iba a ser su cena.
–Lo siento, de verdad. Pero no quiero que me comas.
El rugido que le precedió hizo que sus oídos pitaran, cerró los ojos y comenzó a temblar como una hoja.
Notó como le olfateaba la base del cuello, rezó para que lo le pegara un mordisco. Sentirlo tan cerca era aterrador y no sabía cómo salir de aquel problema.
–Por favor. –suplicó muerta de miedo.
Notó como las manos de aquella bestia soltaban un poco el agarre y le permitían respirar. Sus pies tocaron totalmente el suelo y sintió que sin el agarre iba a caerse contundentemente al suelo.
–Déjame ir.
Pero la bestia seguía olfateando su cuello, subiendo hasta la oreja y bajando hasta la base.
–Tranquila.
Una voz masculina salió de los labios de aquel ser tenebroso. Lisel parpadeó sorprendida, y lo miró a los ojos azules.
–¿Cómo has dicho?
Él la miró, encarándola de forma abrumadora.
–No te voy a comer.
Su voz era como si dos personas hablaran a la vez, una humana y otra terribelmente sobrenatural.
–¿Eres humano?
La lengua de la bestia saboreó su cuello e hizo que Lisel se estremeciera.
–Una parte de mí sí.
–¿Quién eres?
Negó con la cabeza, Lisel perdió equilibrio que él la tomó fuertemente.
–No creo que te guste la respuesta.
Metidos en faena era mejor saberlo que quedarse con aquella duda. De echo, aquel ser la había perseguido y aterrorizado por todo el pasillo. Una explicación no estaría de más .
–No importa.
Le escuchó respirar tranquilamente y tomar el control de su cuerpo. De pronto, notó como sus manos se volvían humanas y todo su cuerpo comenzaba a cambiar.
Cuando el rostro lo hizo quedó en shock.

–¿Aidan?