martes, 17 de enero de 2017

Conquístame si puedes: Capítulo 21

CAPÍTULO 21

—¿Qué haces aquí? —preguntó Liam a Joshua.
Hasta que arreglaran todos los destrozos iba a estar encerrado en una celda que tenían en un agujero que nadie conocía. Una base de operaciones bastante útil y que estaba fuera de cualquier radar, un lugar donde se podían cometer ciertos vacíos legales.
Su compañero caminaba hacia los barrotes cabizbajo, el sonido de sus botas golpear el frío cemento le hicieron temerse lo peor. Su corazón se encogió instintivamente y pudo sentir que el pulso se le detenía.
—No sé cómo decirte esto…
Joshua no le sostenía la mirada y había pocas cosas que alteraran a su compañero. Liam se agarró a los barrotes y exigió que se lo dijera sin tapujos, necesitaba saber lo que ocurría.
—Han encontrado un cuerpo que corresponde con la descripción de Lisel…
Aquellas palabras se clavaron en su pecho como un puñal, no podía ser cierto. Sin aliento se dobló como si lo partieran en dos, el dolor fue tan agudo que hasta emitió un pequeño quejido y comenzó a ver borroso.
—Deberías subir a la sala del forense a hacer el reconocimiento. Tu madre viene de camino también.
No, Carol no podía ver el cuerpo de Lisel. Debía ir él a identificarla y tratar que su madre no viera el cadáver de su hija.
Se recompuso con el pensamiento de su madre y se dejó esposar por Joshua antes de que abrieran la celda. Arrancó a caminar sabiendo bien a dónde iba, aquella base había sido su lugar de trabajo durante años y conocía bien donde estaba la sala forense. Lo que nunca imaginó es que fuera ahí donde viera a su hermana.
Una parte de él negaba que eso pudiera ser posible, no podía haber perdido a su pequeña Lisel. Si lo que iba a encontrar sobre aquella fría mesa de metal era el cuerpo de su hermana iba a reducir el mundo a cenizas.
Su corazón se descontroló con cada nuevo paso que daba, sintió que el mundo caía sobre sus hombros con todo su peso. Lisel podía haber acabado como tantas otras mujeres que había visto a lo largo de su carrera; una vida corta, rápida y una muerte brutal. Se imaginó mil maneras posibles con las que la habrían torturado antes de sesgar su respiración. Tal vez había gritado su nombre, quizás había suplicado por una piedad que no había recibido.
Si era ella el cadáver ya nada importaba. No sólo era un ser humano que necesitaba justicia, era una hija, una hermana y una mujer extraordinaria que había dejado el mundo demasiado pronto.
Estaba ante la puerta y se detuvo detrás de su compañero, no podía entrar en aquella sala. No quedaba fuerzas en su cuerpo, Lisel siempre la había llamado tío duro y sabía que en aquel momento era un niño pequeño a punto de romper a llorar por su mamá.
Joshua lo miró y se compadeció de él. Seguramente debía estar horrible, notaba sus facciones desencajadas y no sabía si iba a ser capaz de soportarlo.
—Podemos esperar lo que necesites.
—Nunca voy a estar preparado para esto. Así que vamos a por ello cuanto antes.
Supo que siempre recordaría el sonido que hizo la puerta al abrirse y los golpes de las botas de ellos dos acercándose al cristal de la sala. Lejos de lo que las películas mostraban, al ir a ver un cuerpo en una sala forense no estabas cerca del cadáver sino detrás de un cristal. Era una sala pequeña, como un armario, carente de cualquier mobiliario salvo por la ventana con vistas a la mesa del forense. Iba a ser un espectador en algo que no deseaba ni siquiera vislumbrar.
Se colocó en primera fila y tocó el frío material que lo separaba sobre el cuerpo tapado por una sábana blanca. No tenía claro como estaba siendo capaz de respirar, sabía que lo hacía el cuerpo de forma automática y lo agradecía.
—Si es ella vamos a perseguir al culpable y matarlo. —comentó Joshua.
—No creo ser capaz a sobrevivir a ella, amigo. No lo creo. —dijo con sinceridad.
Vio a su colega Decker acercarse al cuerpo, era un forense agradable, recordaba haber tomado alguna cerveza con él pero no podía pensar en nada más.
Los momentos en los que lo vio tomar la sábana y descubrir el cuerpo no pudo más que pensar en Lisel, su sonrisa, su risa, su forma de abrazarse a él cuando estaba triste, los momentos en los que se había enfadado tanto que le había retirado la palabra… tantos momentos que le parecían pocos.
—No seas tú… no puedo perderte… —susurró deseando cerrar los ojos.
La persona que yacía sobre la mesa era de la complexidad de Lisel, tenía el mismo corte de pelo y Liam supo que iba a desmallarse allí mismo. Comenzó a temblar, los espasmos eran incontrolables y el terror le oprimió el pecho.
Finalmente, se fijó en el rostro y pudo comprobar que aquella mujer tenía unas pecas en las mejillas que su hermana no tenía. Con esperanza la miró nuevamente y vio como la forma de la boca era distinta, al igual que los ojos.
El alivio hizo que su cuerpo quedara laxo, de tal forma que se agachó lentamente hasta quedar de rodillas y apoyar la cabeza en el cristal. Al mismo tiempo que se agachaba gimió dolorosamente y esperó a que su cuerpo recordara como seguir respirando.
No había ella.
Había esperanza.
Sentía la muerte cruel de aquella inocente mujer pero no era Lisel y eso significaba que todo podía ser posible. Podían encontrarla.
—Gracias…
Joshua se sentó a su lado, sus rostro reflejaba lágrimas de alegría en compasión a su amigo.
—Me alegro hermano, ahora vamos a jugar juntos en el mismo equipo. Vamos a encontrar al cabrón que se la llevó. —explicó Joshua.
Liam miró a su compañero y vio la misma locura que él llevaba sintiendo desde que la perdió reflejado en sus ojos. Todo comenzaba a ser una locura y no sabía en qué problema iban a meterse pero estaba seguro de que Lisel iba a aparecer viva e ilesa.
—No voy a parar hasta encontrarla. —y era una promesa solemne que pensaba cumplir.
—Y yo no voy a impedírtelo más. Después de vivir esto contigo no puedo quedarme sentado a esperar que Lisel llene el próximo agujero.

***

Joshua se lo llevó a la cafetería y le sirvió uno bien cargado, él no podía dejar de mirar ese líquido negro caliente que tanto asco le daba, pero lo necesitaba. Su mente estaba como dormida, notaba su cabeza como si fuera un corcho y por mucho que se tocara no conseguía despertarla.
Imaginaba una y otra vez el momento en el que habían descubierto el cuerpo de aquella pobre mujer, era una imagen en bucle que había llenado su mente sin parar. Se sentía como un drogadicto deseando una dosis sintiendo el terror de aquellos instantes.
—Te pueden encerrar por esto Joshua, no puedo meterte en esto.
—Ya estoy dentro y algunos de nosotros piensan ayudarte.
Lo agradecía mucho.
Pedía al cielo que Lisel estuviera bien, que por alguna razón mágica estuviera feliz y contenta. No podría soportar verla mal o sufriendo sin poder ayudarla.
El recuerdo de su hermana llenó su cabeza, la recordaba como si la estuviera viendo en aquel mismísimo instante. Era una mujer increíble y no contemplaba la vida sin ella, iban a conseguir que su parte más oscura saliera a la luz. Lo peor era que estaba armado y que no tenía miedo a dañar a todos los que se pusieran en su camino para llegar hasta ella.
Joshua dejó su pistola sobre la mesa donde estaba su humeante café, una sonrisa pícara llenó su rostro. Iba a llenar de plomo a todo el que le negara información.
—No vamos a ser héroes después de esto.
—Nunca lo fuimos. —concluyó Joshua.
Tenía razón, ellos eran a los que llamaban cuando todo fallaba, sus métodos no eran del todo ortodoxos pero sí efectivos.

Cargó su arma y disfrutó con la adrenalina que comenzó a burbujear en sus venas. Sí, era peligroso y acababan de soltar la correa.


lunes, 9 de enero de 2017

Conquístame si puedes: Capítulo 20

Hola Maravillas!! Al fin se acabaron las Navidades! Vuelta a la rutina... jajajaj 
Siento el barón pero con el peque sin cole me ha sido imposible! Ahora sí que sí, empezaré a subir capítulos día sí y día no para poder darle el punto final pronto. Espero que os guste ;) Gracias por seguir ahí!! 

CAPÍTULO 20

Liam sostuvo el arma contra los cinco hombres que le apuntaban con sus rifles de asalto, no pensaba bajarla y mucho menos ante aquellos que se hacían llamar “compañeros”. Joshua dio un paso al frente y él le dedicó el cañón del arma al pecho.
¿Cómo había llegado a aquella situación?
Había viajado hasta Estados Unidos siguiendo una pista sobre mujeres que habían sido raptadas y obligadas a ejercer la prostitución. Era improbable que Lisel se encontrara entre aquellas pobres almas perdidas pero eso no le había importado; había tomado el primer avión y había volado hacia allí sin más refuerzos que él mismo.
Había entrado en el prostíbulo y casi había acabado con todo aquel que le había plantado cara. Lo peor era que su hermana no estaba allí pero había salvado la vida de muchas jóvenes.
Sus compañeros le habían seguido de cerca y ahora los tenía envolviéndolo como si de un criminal se tratara. La rabia hervía en sus venas, no era igual que las personas que había ayudado a arrestar.
—Liam, colabora. —Joshua suplicaba una rendición que él no estaba dispuesto a entregar.
Negó con la cabeza.
—Vamos, estás acorralado y—señaló a todos— creo que hablo en nombre de todos cuando digo que nadie desea dispararte.
Liam no pudo más que agitar un poco su arma y comenzar a reír, todos le miraban como si hubiera enloquecido, ninguno lograba entender el sufrimiento que llevaba sobre las espaldas. Encaró a cada uno de los hombres que lo encañonaban y abrió ambos brazos, incitándoles a pecar.
—¿Vais a dispararme? ¡Vamos! ¡He sido el Capitán de todos vosotros, os conozco! He sangrado a vuestro lado y me he jugado el culo por muchos. —gritó enfurecido.
—Por favor, piensa con claridad. No eres así. Todos estamos buscando día y noche a Lisel pero únicamente empeoras la situación. No puedes irrumpir en casa ajenas disparando.
En eso tenía razón.
Había perdido el juicio con la desaparición de su hermana.
—Entrégate y no habrá informas. Haremos desaparecer todo y seguiremos con la búsqueda de tu hermana. Pero debes colaborar y entregar tu arma.
Era un trato más que generoso.
Cabeceó un poco, su yo más loco le pedía negarse pero no tenía otra opción que colaborar. Sabía que sino sus propios compañeros deberían encargarse de él y acabar con su vida. Suspirando bloqueó su arma y la bajó lentamente hasta el suelo para después darle un ligero puntapié y precipitarla a los pies de Joshua.
Levantó ambas manos a modo de rendición y vio alivio reflejado en los ojos de muchos. Todos estaban preocupados por él y se sintió culpable, no lo estaba llevando bien y estaba provocando que muchos corrieran tras sus pasos.
Joshua se puso ante él y lo miró a los ojos, sí, ambos sentían lo que estaba a punto de ocurrir pero se lo había buscado él solo.
—Hazlo. —pidió Liam sonriendo.
Su compañero negó con la cabeza al mismo tiempo que enfundaba su pistola y sacaba unas esposas. Le tomó una muñeca y se la bajó hasta colocársela a la espalda.
—Quedas arrestado.
Sí, las cosas se habían torcido demasiado.

***

La Reina Hellen tomó asiento en uno de los bancos de su jardín privado con cierto pesar. Luna y Aldara la seguían de cerca y la miraron con evidente preocupación en sus ojos. Bajó la vista al suelo, la jaqueca volvía a la carga de nuevo y no podía tomarse un descanso.
—Demasiadas preocupaciones amiga.
Luna se sentó a su lado y tomó una de sus manos, ella sonrió sin fuerzas. El cansancio estaba comenzando a pasarle factura.
—Me equivoqué tanto. —dijo ella con un amargo suspiro.
—¿En qué mi señora? —preguntó Aldara.
Pero las tres sabían la respuesta, todas sus preocupaciones residían sobre la mujer que habían invocado mundos a través. Aquella pobre muchacha que deseaba tornar a su hogar y que ella se había atrevido a arrancar de su tiempo.
—Desea tanto retornar a su mundo que no puedo obligarla a permanecer más tiempo en el nuestro. Yo únicamente deseaba la felicidad de mi primogénito pero no esperaba dañar tanto a otra persona.
Aquel pensamiento la estaba torturando, la tristeza en los ojos de aquella mujer que había sido traída para que Aidan volviera a ser normal. El tiempo había pasado y seguían ambos tan distantes como el primer día. Encima, el paso de los días había hecho que Lisel comenzara a perder peso y fuera un mero espejismo de la mujer fuerte que había llegado.
—Todas sabemos que lo hiciste con la mejor de las intenciones pero no siempre salen las cosas como esperamos.
Luna era benevolente con ella pero no supo si lo decía porque en realidad la muchacha le producía lástima o como una oportunidad para su hija Sarah.
—¿Y si las brujas hacen un hechizo el día del baile? Es solsticio de invierno, el momento en el que ellas son más poderosas.
Hellen la miró confusa, sabía que era el día del año en que más poder podían poseer pero no comprendía lo que trataba de planear.
—Devolvedla ese día a casa. Los hechizos han fallado hasta ahora, quizás ese día funcione.
La reina sonrió encontrando una solución a su pesar. Puede que hubiera una manera de hacerla regresar y devolverle su vida. Una parte de ella sentía pena por no haber conseguido la felicidad de Aidan, tal vez alguna pretendienta descongelase su duro corazón.
—Es una gran idea, os la agradezco Aldara.
La mujer se sonrojó y le dedicó una pequeña reverencia.
—Siempre a vuestro servicio majestad.
—¡No podéis hacerlo!
Naylea irrumpió en el jardín furiosa, caminaba dando largas zancadas hasta llegar a ellas.
—Hija, nos has asustado.
—¡No podéis devolver a Lisel!
Hellen comprendía que su hija no quisiera dejarla marchar, en ella había encontrado una gran amiga y debía de ser duro desprenderse pero era lo mejor para todos.
—Es lo mejor para ella.
—¡NO! La magia la eligió, eso significa que ella es la mujer que mi hermano necesita. Únicamente hay que dejarles tiempo a solas.
En aquel momento, las palabras de su hija le recordaron a Thorn, el cual, era muy partidario de encerrarlos en una habitación y esperar que ambos sobrevivieran a aquella experiencia. Comenzaba a creer que sus hijos habían enloquecido.
—Ella desea volver.
—Pero cuando se enamore de Aidan ya no querrá.
—¿Y sino lo hace?
Aldara y Luna miraron la lucha de palabras que mantenían madre e hija sin siquiera atreverse a respirar. Puede que Naylea fuera la pequeña de cuatro hermanos pero eso no le restaba coraje.
—Lo hará.
Hellen deseó estar tan convencida como el corazón joven e inocente de su hija pero la realidad era otra muy distinta al cuento de hadas que ella deseaba vivir.
—Lo siento hija, Lisel volverá a su tiempo. —sentenció.

Y no había orden más solemne que la de una reina decidida.