Saga Hostal Dreamers - Género Paranomal


 Orden de lectura ➽ 1º Navidad y lo que surja.



¿Qué ocurre cuando una bruja decide llevar a su hermana “no bruja” a un hostal repleto de seres mágicos? 

Que casi acabe siendo atropellada por un cambiante Tigre, que la quieran devorar los Coyotes y que no deje de querer asesinar a la embustera de su hermana, bruja sí. 

Así es Iby, una humana nacida en una familia de brujos que odia la Navidad y es llevada, a traición, a pasar las Navidades a un hostal bastante especial. 

Allí conocerá a Evan, un cambiante Tigre capaz de hacer vibrar hasta a la más dura de las mujeres. 

¿Acabará bien? ¿O iremos a un entierro? Quédate y descubre que estas Navidades pueden ser diferentes.

➤ Editorial: Autopublicación
➤ ISBN: 9781519494375
➤ Fecha de publicación: Noviembre 2015
➤ Páginas: 118

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 Orden de lectura ➽ 2º Se busca duende a tiempo parcial.



Para Kya las últimas navidades fueron un desastre, por poco muere a manos de su amante Tom en el Hostal Dreamers. 

Pues este año no parece mejor, su exmarido ha hecho público su divorcio a los medios y las cámaras la siguen a donde quiera que vaya. ¡Ojalá la Navidad nunca hubiera existido! 

Y lo que parecía un deseo simple se convirtió en el peor de sus pesadillas, su hermana Iby nació en Navidad y ya no existía. 

En el hostal Dreamers nadie la recuerda y Evan está con otras mujeres. Suerte que el único que cree en ella es Matt, un ardiente y peligroso Cambiante Tigre, que la hace vibrar y sentir cosas que jamás antes ha experimentado. 

¿Cómo recuperar la fe en la Navidad? ¿Cómo volver a tener a Iby a su lado? Acompaña a esta bruja en un viaje único en unas Navidades distintas.

➤ Editorial: Autopublicación
➤ ISBN9781522758044
➤ Fecha de publicación: Diciembre 2015
➤ Páginas: 146

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 Orden de lectura ➽ 3º Todo ocurrió por culpa de Halloween.



Se acerca Halloween al Hostal Dreamers y los alojados allí poco saben lo que el destino les tiene preparado. 
Todo comienza cuando en una patrulla algo consigue noquear a Evan. Para mejorar la situación Iby Andrews vuelve a ser bruja y esta vez no es en el Limbo sino en el mundo real. 

A todo eso se les suma un nuevo e inquietante huésped en el Hostal: Dominick el Devorador de pecados. 

Kya e Iby comienzan a investigar los extraños sucesos que ocurren y se topan con alguien que no deben. 

¿Qué puede ser más terrorífico que vivir en el Hostal Dreamers?

➤ Editorial: Autopublicación
➤ ISBN: 9781539815075
➤ Fecha de publicación: Octubre 2016
➤ Páginas: 166


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 Orden de lectura ➽ 4º Cierra los ojos y pide un deseo.



Aurion Andrews es el mayor brujo de su familia, está cansado de su vida monótona y aburrida hasta que recibe la llamada de su hermana Kya. 

Ella le hace una petición muy especial: hacer un hechizo para que su mejor amiga pase unas Navidades muy calientes y fogosas. Pero no es capaz de hacerlo y un plan se pone en marcha en su mente. 

Mía Ravel lleva demasiado tiempo sin sexo, su amiga Kya está recién casada y odia escuchar sus aventuras nocturnas con su estrenado marido. 

Y, de pronto, abre la puerta y aparece un hombre desnudo con un gran lazo… ahí. Él le dice que viene a poseerla y a desearle felices fiestas. 

La locura es demasiado para soportarlo. ¿Quién es ese hombre? 

Nunca tomarse las uvas habían resultado tan calientes y divertidas.

➤ Editorial: Autopublicación
➤ ASIN: B01MY0SGKH
➤ Fecha de publicación: Diciembre 2016
➤ Páginas: 162

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Próximamente, cara a Navidad de 2017, saldrá un nuevo relato de esta saga.

Saga Negro atardecer - Género Paranormal


 Orden de lectura ➽ 1º Redención





Ainhara sabe que su secreto no puede ser comprendido por nadie. En su sangre hay lo que podría hacer tambalear el mundo tal cual se conoce. Su vida ahora es un completo caos, despojada de todo lo que ama, es atrapada en una espiral de dolor y traición a la que no puede hacer frente, sin saber que Gideon amenaza con hacer vibrar cada una de sus células.

El hombre más poderoso de todos fija sus ojos dorados en ella y sin poder evitarlo, Gideon se convierte en el único aliento que necesita para seguir soportando el dolor de la vida, sin saber que miles de peligros comienzan a rodearla hasta cortarle la respiración.

Déjate seducir por la pasión, la intriga y el misterio del mundo de las sombras. Ellos te guiarán hasta adentrarte en la oscuridad donde te harán arder en pasión y palpitar de terror. 

Ahora comprenderás el porqué de la atracción fatal entre humana y vampiro.

➤ Editorial: Autopublicación
➤ ISBN: 9788461564491
➤ Fecha de publicación: Septiembre 2013
➤ Páginas: 422

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 Orden de lectura ➽ 2º Renacer



Seis meses después de todo el caos, Ainhara está atrapada por sus propios recuerdos. La muerte de Dash y todos los actos acontecidos después le han golpeado con dureza, llenándola de oscuridad. Siente que se está perdiendo en sí misma; pero sabe que pronto él vendrá a por ella. 

Todavía puede escuchar sus palabras firmes y seguras, Gideon no piensa dejarla escapar. Él, el único capaz de hacer tambalear su propio mundo. 

Cuanto más fuerte es la luz más oscura es la sombra. El mundo ya no es el que conoce, todo ha cambiado, sabe que no puede huir pero luchará fervientemente por su libertad y lo más importante: escapar de la sombra que la persigue.


➤ Editorial: Autopublicación
➤ ASIN: B072PZS4KB
➤ Fecha de publicación: Junio 2017
➤ Páginas: 190

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 Orden de lectura ➽ 3º Próximamente 2017

➤ Editorial: Autopublicación
➤ ISBN: ---
➤ Fecha de publicación: Noviembre 2017
➤ Páginas: ---

Conquístame si puedes: Capítulo 23

CAPÍTULO 23

¡Oh cama! ¡Qué ganas tenía de estar en ella! La noche había llegado al reino y era cuando Lisel podía disfrutar de un momento de paz, de hecho se había encargado de que no la molestaran más ya que había echado el cerrojo de la puerta y esperaba que lo entendieran a la primera.
No era capaz de respirar entre tanta gente, era como sentirse enjaulada en un recinto enorme. Todos la miraban, la juzgaban y cuchicheaban a sus espaldas. Cenar era todo un espectáculo que ella prefería no vivir, no se imaginaba rodeada de tantas miradas.
Lisel se ocultaba de todos y cenaba en la cocina, Lotha nunca le había recriminado nada. Le servía y le proporcionaba una conversación banal y agradable.
Logró quitarse el maldito vestido y se metió en unos pantalones y una camisa que Naylea le había robado a Thorn. Era la única manera de sentirse cómoda, estar vestida como quería en los momentos de intimidad.
Un temblor la arrancó de sus pensamientos y la lanzó al suelo golpeando con el trasero. Algo había “aparcado” sobre la torre y no pudo reprimir una sonrisa. Era el dragón, no tenía duda alguna de que se trataba de él. Y necesitaba verle sin que nadie interrumpiera. Necesitaba intimidad con alguien y no ser sorprendida en especial por Thorn.
Con los pies descalzos abrió la ventana y evitó mirar abajo, escaló rápidamente sin importar lo frías que estaban las piedras. Deseaba llegar y tomar unos segundos en paz.
Al llegar él la vio al momento y por sus grandes fosas nasales dejó escapar un poco de humo. Lisel no temió un ataque, acabó de subir por encima del muro y cuando saltó al interior de la torre quedó agachada y sin levantar la cabeza.
—Hola. —sonrió mirándolo de reojo.
Era un ser magnífico, todo él era de un rojo brillante que hacía que se sintiera atraída para admirarlo. Un dragón de verdad, no era como en los libros, no era imaginación sino algo real que podía tocar.
Ante el silencio del animal alzó la cabeza lo más lentamente que supo, trató de no mirar a los ojos, no sabía si eso le ofendería.
—Hacía días que no te veía.
Bueno, en realidad su primer encuentro fue extraño y acabó interrumpiéndolo Thorn… como siempre.
El dragón se sentó y bajó las alas, en el fondo le parecía un gato grande con alas. Era tan hermoso que deseaba poder tocarlo.
—Si te cuento todo lo que me ha pasado estos días seguro que alucinas. —rió nerviosa.
Ahora podía ver esos ojos azules hermosos y ese gran morro lleno de dientes que podían triturarla sin dificultad. Decidió echar lejos aquel pensamiento y seguir con calma.
—¿No serás Aidan?
El dragón dio contestó como cuando un perro inclina la cabeza al oír la voz de su amo, primero a la derecha y luego a la izquierda.
—¿Cómo vas a serlo? Seguro que es imposible. —rió y se pasó las manos por el rostro— Es que el príncipe Aidan se transforma en bestia y como tenéis los ojos azules pensé que… bueno, nada. No me hagas mucho caso.
Un leve gruñido hizo que ella se callara al momento, no quería provocar que se la comiera. ¿Existía alguna manera cordial de hacerse amigo de un dragón?
Caminó un poco hacia él y se sentó en el suelo cuando creyó que era la distancia adecuada. Pero, él dio unos pasos en dirección a ella hasta quedar tan cerca que podía notar el calor interno que aquella bestia desprendía.
—Tengo miedo de que acabes mordiéndome… —se sinceró contemplando la gran garra que tenía cerca del brazo derecho.
El gran morro bajó y quedó a escasos centímetros de su cara provocando que quedara petrificada. Se olvidó de respirar unos segundos hasta que un gruñido la obligó a regresar a la vida. No sabía si desmayarse o hacer lo que realmente deseaba.
—Metidos en faena… —se susurró a sí misma.
Echó la cabeza hacia delante y la frente de Lisel tocó la cabeza de él. El momento fue mágico y se sintió eufórica.
Él miró dentro de ella a través de sus ojos y fue como si pudiera verla por completa, quien era y de donde venía, todo su ser. Su mirada transportaba tanta paz que logró normalizar la respiración y subir ambas manos para abrazar aquel morro tan peligroso. Sus escamas resbalaron entre sus manos y sonrió contenta.
—Eres hermoso.
El dragón bufó provocando que su aliento chocara en su pecho y estómago. No se apartó de él y siguió agarrada a él unos pocos minutos más. Producía la calma que no había tenido desde que había llegado.
Cuando rompió el contacto su cuerpo quedó frío, era tan caliente como el fuego que, seguramente, podía dejar ir.
—Gracias por no comerme.
Él se apretó a su lado y con la gran cola la rodeó. Sorprendentemente no sintió miedo, se acurrucó a una de sus patas y quedó mirando aquel reino de ensueño.
—Este lugar es hermoso… —tras una pausa continuó— Pero me gustarían que comprendieran que no es mi hogar. Todo lo “mío” está tan lejos de aquí, si al menos pudiera saber que están bien sin mi. Decirle a mi madre que la quiero… algo.  
Las montañas eran altas y el pasto se extendía a lo largo de su alcance de vista, eso no existía en su ciudad. Poco campo podían ver como aquel.
—Buscan que me enamore de un hombre que no soporta mi contacto ni dos minutos seguidos. Yo.. yo quisiera conocerle mejor pero no puedo.
Un bufido la despeinó, Lisel miró hacia arriba y él la estaba mirando.
—¿Qué? Sí, quiero irme porque mi familia está lejos pero eso no quita que Aidan sea…
Y el silencio les envolvió. ¿Cómo era?
—No puedo enamorarme de él, si él siente algo por mí tengo que hacer que no llegue a más. No puedo romperle el corazón.
Sí, era lo mejor.
—No es justo, ese hombre ha vivido un infierno siendo quien es. No puedo añadir más carga a su espalda. No puede enamorarse de alguien que puede abandonarlo.
Antes de poder seguir hablando un pequeño copo de nieve tocó uno de sus pies. Dio un respingo y comprobó como comenzaba a nevar. Al principio pequeñas gotas para luego convertirse en grandes copos.
Lisel abrió ambos brazos con las palmas de las manos hacia arriba dejando que sus manos se mojaran con aquellos trozos de hielo.
—¡Está nevando! —exclamó emocionada.
El paisaje era sobrecogedor, tan hermoso iluminado por la luna. Sus prados, sus árboles y sus grandes montañas erguidas orgullosamente en el horizonte. Y todo llenándose de nieve, los copos caían de forma desigual cambiando el paisaje.
Ella era una privilegiada de unas vistas increíbles, mirando caer la nieve sin pensar en nada más. Tal vez todo fuera complicado, tal vez nunca volviera o Aidan nunca volviera a hablarle pero, ahora, no podía dejar de contemplar el paisaje.
El dragón hizo un pequeño ruido que ella no atendió y siguió disfrutando de las vistas acurrucada en aquel cuerpo tan cálido. Notó como él aumentaba la temperatura de su cuerpo y se agarró con ambos brazos a su pata.
Al cabo de unos segundos se dio cuenta que no se estaba mojando, no caía nieve sobre ellos y el suelo estaba limpio. Alzó la vista y comprobó, conmovida como el dragón tenía una ala sobre ella haciendo de paraguas.
—Gracias.

Y juró que le vio sonreír.


Conquístame si puedes: Capítulo 22

CAPÍTULO 22

Lisel cerró los ojos cuando Aidan volvió a besarla, aquel hombre era demasiado abrumador. Besaba con fuerza, tomaba sus labios de una forma que nunca habían hecho, nadie había conseguido hacerla vibrar de una forma tan fuerte. Se agarró a sus brazos y sintió la fuerza de él. Durante unos pocos segundos pensó en la bestia en la que podía transformarse pero decidió disfrutar el momento y no preocuparse por nada.
Aidan se separó lentamente de ella mirándola intensamente a los ojos, sintió por unos instantes que podía ser capaz de perderse en ellos y no pensar en nada.
—Me atraes tanto… —su voz ronca por el deseo hizo que sus rodillas se tornaran de mantequilla. Él iba a consumirla.
Lisel no pudo reprimir el impulso de dejarse llevar y dejar que una de sus manos fuera al pecho de aquel hombre. Únicamente llevaba puesta una fina camisa blanca y podía notar el calor que emanaba ese cuerpo poderoso.
—Tú a mi también. —contestó.
Sí, había mil motivos distintos para salir de aquella habitación pero algo le hacía permanecer ahí, aferrado a él y seguir sintiendo lo que le provocaba.
Su parte racional se desactivó, todo le daba indicios para huir pero su corazón le pedía quedarse. Era un sentimiento tan visceral que se sorprendió, la poseía de una forma instintiva que no podía luchar contra eso. Le miró a los ojos y sucumbió a ellos, sí, estaba dispuesta a dejarse llevar por lo que tuviera que ocurrir.
Aidan tendió una de sus manos y Lisel no pudo evitar quedársela mirando unos segundos. Hasta en aquel lugar lucía unas grandes y horribles cicatrices, no sabía qué le habían hecho a aquella pobre alma y se apiadó de él. La tomó y caminaron juntos, en silencio, hasta el camastro de la habitación.
Ninguno de los dos supo decir cuál estaba más nervioso, Aidan llevaba años sin estar con una mujer y Lisel… bueno, no tanto pero sí. Era mejor el celibato que las parejas terribles que se encargaba de buscarle su madre Carol.
—No tengo claro de si estoy haciendo bien. —susurró aquel hombre cerca de ella.
—No, no deberíamos estar juntos. Pero, aún así yo quiero… ¿tú…?
No tuvo valor para preguntar si él deseaba yacer con ella. Era imposible que pudiera estar pasando aquello.
Aidan se sentó en la cama y ella lo imitó, le retiró la mano porque sintió que sus nervios la traicionaban y comenzaba a temblar. Sus inseguridades la estaban golpeando fuerte en aquel momento y no sabía si lo mejor era saltar por la ventana.
—Sí, claro que quiero. Pero, tal vez, lo que veas no sea de tu agrado.
—Eres hermoso te mire por donde te mire.
Una leve y provocadora sonrisa afloró en los labios de él.
—Espero que pienses así todo el rato.
No le dejó contestar, tomó nuevamente sus labios y le mordisqueó el labio inferior provocando que Lisel gimiera en su boca.
Aquello activó algo que no supo describir, con una fuerza sobrehumana él la tomó y ambos volaron suavemente hasta el centro del colchón, quedando ella bajo el pecho de Aidan. Sus respiraciones se entrecortaron y la sorpresa la invadió hasta hacerla sonreír.
—Eres muy fuerte.
—No te haré daño.
—Lo sé. —contestó sinceramente.
Pero, algo ni iba bien, él estaba lejos de ella de una forma extraña, no tenía ángulo de visión suficiente como para verle el rostro. Era extraño y Lisel supo que algo había cambiado en aquella décima de segundo.
—¿Aidan? —preguntó en vano puesto que él no se movió ni un ápice.
Haciendo acopio de su valor alzó ambas manos y quiso acunarle el rostro. Él se apartó lo suficiente como para no pudiera alcanzarle. Entonces, lo vio: su rostro se estaba tornando bestia. Sus ojos, en cambio, eran los mismos, de un azul intenso, casi eléctrico. Seguía siendo Aidan a pesar de todo.
—Tranquilo, todo está bien.
—No… –gruñó suavemente.
Lisel salió de debajo de él arrastrándose sobre las sábanas y proporcionándole el espacio que necesitaba. Sus manos también se estaban transformando y era como si él luchara con todo su poder por evitarlo. ¿Y si era doloroso?
—Tal vez hemos ido demasiado deprisa. No te preocupes, parece que voy a seguir aquí un tiempo. Ya iremos viendo si esto puede ir a más.
—Yo, no sé que decir.
Lisel sonrió.
—No es necesario. No luches contra la trasformación.
Una parte de ella estaba tan aterrada que comenzó a temblar, pero lo ocultó todo lo que pudo. No quería incomodarle. Él la miró y negó con la cabeza, si se tornaba bestia podía ser peligroso y, aunque hasta ahora no la había dañado, no supo si eso se iba a mantener.
—Siempre la calmas… a la bestia. Y es como si tuviera ganas de verte.
—Déjala salir.
Pero Aidan negó con la cabeza frenéticamente.
—Pasará en un segundo.
Y lo vio luchar, retorcerse, gruñir y blasfemar. Era una batalla en el interior de un cuerpo, dos seres habitando aquel hombre. Lisel quiso ir hacia él y tranquilizarlo que estaba paralizada sobre la cama sin poder siquiera pestañear.
Él se tornó completamente humano y se sentó nuevamente sobre el colchón. Ambos en silencio se miraron, obviamente no iban a retomar por donde lo habían dejado pero era como si ambos necesitaran la presencia del otro para calmarse.
—Lisel…
—Tranquilo. No pasa nada. De verdad.
Y antes de poder contestar la puerta se abrió de par en par.
—¡Hermano! Te necesito. Tengo unas gemelas que buscan jugar un poco antes del sexo. Ya sabes, perseguirlas como bárbaros por el jardín hasta poseerlas. Tal vez a tu bestia le guste tener un poco de acción, siempre y cuando no las mates.
Thorn habló sin procesar la escena hasta que terminó. Entonces, parpadeó levemente y retrocedió unos pasos con las manos en alto.
—Wow, wow, wow, wow. Creo que he interrumpido algo.
Su mirada voló de su hermano a Lisel intermitentemente, señalándolos y frunciendo el ceño.
—Tú, ella, ella, tú.
Finalmente, sonrió de forma deslumbrante.
—Así que algo de acción ¿eh?
—¡¿Es que no sabes llamar?! —gruñó Aidan.
Lisel miró a aquel hombre y vio como la bestia comenzó a surgir nuevamente.
—¡Oh vamos Thorn! ¿Necesitabas un mapa? ¡Sal de aquí! —gritó ella.
—No tengo claro de si es seguro.
Aidan la miró y, con la barbilla, señaló la puerta. Sí, tal vez era mejor salir de aquel lugar antes de que le empujaran demasiado lejos. Sin embargo, se acercó a él y depositó un delicado beso en la mejilla a pesar de los ruidos que aquel ser procesaba.
—Tranquilo, no te enfades.
Y salió de la habitación después de una última mirada a los ojos azules de Aidan.
Sintió rabia por lo que había ocurrido, por no poder consumir o por haber caído en sus redes sabiendo que iba a marcharse. La magia no podía tener razón, no podía ser el alma gemela de aquel hombre.
—Así que tú y mi hermano….
—¡Ah no! ¡Cállate Thorn! No pienso lidiar esto contigo.
Pero aquel hombre no pensaba dejarlo estar.
—¡Vamos! Sólo quiero detalles. ¿Gozaste? ¿Se transformó? ¿Gruñe al llegar al orgasmo? ¿Qué es lo que más te ha gustado?
Lisel se llevó las manos a los oídos y negó con la cabeza. No, no podía hablar de eso con nadie y menos cuando no había pasado nada. Finalmente, tras dejarlo reír un rato, le señaló con un dedo amenazante.
—Ni una palabra a nadie o te cuelgo boca abajo en la torre más alta.
Él se quedó blanco, desde luego la había creído.
—Palabrita de niño bueno.
—Me fío más de la de golfo.
Thorn suspiró diciendo:

—Valeeee.

***


Aidan respiró suavemente viéndola marchar, estaba enfurecido. La bestia necesitaba salir, abrirle el cuello a su hermano y llevarse a Lisel lejos de todo. Pero no pensaba dañar a nadie, ella estaba mejor lejor.
No se podía extrañar lo que nunca se había tenido, algo que debía repetirse día y noche hasta que dejara de sentir la conexión que le hacía vibrar cuando veía a Lisel.
Se subió al colchón y se desplomó, no podía luchar contra lo inevitable. La dejó salir, tomando el control de su cuerpo, su vida y su ser. Nada le pertenecía, todo se movía en torno a aquella maldición que estaba acabando con su vida.
—Si la dañas alguna vez no te lo perdonaré.
Pero la bestia rió en sus oídos, era absurdo amenazarla porque estaba tan pillada por aquella joven como él mismo.
Y entonces, la imagen de ella llenó su mente. Si eso era cierto estaba perdida. Y con la joven él mismo.