Conquístame si puedes: Capítulo 7

octubre 20, 2016 Lighling Tucker 14 Comments

Capítulo 7:

El trance a humano fue tan doloroso como de costumbre, gritó y sangró hasta sentirse desfallecer sobre el suelo de su alcoba. Pero todo había sido diferente, ella había estado tan cerca de su bestia que había llegado a sentir algo. La había llamado su olor, esa alcoba llevaba mucho tiempo cerrada y al ver la pequeña luz de una vela no había podido evitar ir a echar un ojo.
Se había alejado de ella pero lo había seguido y la bestia había querido conocer más, había necesitado intimidarla y mirarla a los ojos. Y la había sentido tan real que había resultado doloroso.
Los huesos crujieron volviendo a su sitio y gritó ferozmente, aquel cambio estaba siendo más rápido que otras veces. En los últimos días había cambiado más seguido que de costumbre, su bestia estaba inquieta. Incluso en aquellos momentos la sentía con ganas de tomar el control de nuevo.
Solo cuando todo hubo acabado recobró el aliento e hizo una pequeña cabezada en el suelo. Ya no quedaban fuerzas en su cuerpo para levantarse y llegar a la cama. Únicamente iban a ser unos minutos.
Alguien llamó a la puerta poco después, Aidan decidió ignorarlo y seguir tratando de descansar. De echo, seguramente se habían equivocado, nadie se acercaba a él. Todos le temían. Pero el que estaba en la puerta no se marchó, siguió llamando hasta que dejó escapar un feroz rugido.
La puerta se abrió y su hermano Thorn entró en la alcoba. Aidan se limitó a mirarlo y gruñirle.
–Yo también me alegro de veros hermano.
Se sentó en el camastro y miró hacia su cuerpo ensangrentado.
–Temía encontrarte en tu otro yo. –comentó de forma más íntima.
–¿Por qué vienes a verme?
Y las piezas del puzle encajaron solas, aquella muchacha había desaparecido sin que la hubiera podido encontrar por su hermano.
–La conoces… –dijo dando a entender que ya sabía el porqué de todo.
–Sí, es difícil de explicar Aidan.
Él comenzó a moverse y, a pesar del dolor, logró sentarse y encarar a su hermano.
–Te la llevaste.
–Antes de que te la cenaras.
Eso era cierto, muchos habían perecido en las fauces de su bestia, era tan agresiva y peligrosa que ya habían aprendido a esconderse.
–Ella es diferente. –susurró recordando el momento en que la había mirado a los ojos.
–Ni te imaginas hasta qué punto.
Las palabras de Thorn fueron tan enigmáticas que sintió que algo se le estaba ocultando, algo que no tenía del todo claro si deseaba saberlo. Tomó un par de respiraciones profundas y trató de leer los gestos corporales de él, aunque todo le decía que estaba nervioso y no encontraba los motivos.
–Dime qué ocurre.
–Nada, no seas tan malpensado.
Por supuesto que mentía, olía ese hedor tan terrible que siempre acompañaba a la mentira. Uno que se parecía a la muerte pero este era más amargo.
–Thorn. –sus colmillos se alargaron y su hermano comenzó a estar en peligro.
Él suspiró y alzó ambas manos a modo de rendición.
–Sabes que siempre me han preparado para el trono.
Aidan asintió, nadie esperaba que una bestia tomara el mando de un reino. Su hermano era mucho mejor, de echo, lo habían estado preparando desde el minuto uno de su nacimiento. Él iba a ser un buen rey y él iba a tratar de ayudarle en todo lo que pudiera cuando ese día llegara.
–Serás un buen gobernante para este pueblo.
Lo vio negar con la cabeza.
–Madre y Padre han creído que deben darte una oportunidad.
Aquello fue como un jarro de agua fría, Aidan quedó unos segundos sin reaccionar, no sabía exactamente lo que las palabras escuchadas querían decir. Era como si le estuvieran diciendo que lo iban a preparar para Rey, pero él no podía serlo.
–Han decidido buscar mujeres para casarte.
De no haber estado sentado se hubiera caído sobre sus nalgas, aquello debía ser un error, nadie confiaba en él. Pocas personas soportaban estar respirando su mismo aire en la misma habitación.
–Te estás equivocando, hermano.
–Sé más de lo que crees. Puedes creerme o no pero lo sé.
Aidan abrió ambos brazos y esperó a que él explicara, estaba del todo dispuesto a conocer todo lo que él tuviera que decirle.
–Madre mandó reunir a las brujas y hacer un conjuro. –Thorn comenzó a sudorar, tomó unas respiraciones y siguió con la explicación. –En él expresaron su deseo de encontrar una mujer que te hiciera feliz.
–¿Cuándo? –su voz fue más bestia que humana.
Eso hizo que su hermano volviera a ponerse en pie y acercarse a la puerta.
–Hace aproximadamente un mes del hechizo.
–¿Qué tiene que ver eso con la dama de la torre?
–Apareció en medio de la plaza mayor, vestida con ropas extrañas y diciendo ser de otro tiempo y mundo. El hechizo la ha traído aquí.
No fue consciente de la transformación, pasó de forma tan espontánea que apenas sintió dolor. No era un dragón pero tampoco humana, era una transición al igual que peligrosa que su otra forma. Su cuerpo tenía la complexión de un hombre pero mucho más alto y musculoso. Todo él estaba cubierto de escamas y su cara estaba en un punto entre dragón y Aidan.
Caminó velozmente hasta su hermano y lo tomó del cuello de la camisa alzándolo unos centímetros del suelo. Él no gritó, ni lo miró a los ojos, únicamente bajó la vista al suelo y mantuvo la respiración lenta y pausada.
–No van a casarme. –gruñó.
No contestó, siguió respirando lentamente y esperando a que su hermano volviera a calmarse.
–Ella no es mía.
–No he tenido nada que ver.  –susurró Thorn.
Aidan soltó a su hermano, necesitaba hablar con los causantes de aquel lío, su hermano no iba a solucionar nada. Abrió la puerta y salió, antes de seguir su camino miró hacia atrás y le dijo:
–No te despidas aún del trono.
Cerró fuertemente y el portazo hizo retumbar el pasadizo.
Thorn respiró aceleradamente unos segundos antes de salir y tomar otro camino distinto al de Aidan. Debía ocultar a sus padres para que la bestia no los visitara, debían hablar cuando volviera a ser del todo humano. Él siempre había cuidado de Aidan y aquel día no iba a ser una excepción.

***

No los había encontrado, todos los habitantes del castillo se habían esfumado como la pólvora. No se había topado ni con una triste criada, era como si todos hubieran sabido que no era humano y hubieran desalojado el dichoso lugar.
Debía volver a su alcoba y calmarse, tal vez su hermano había buscado tomarle el pelo. Nadie podía querer casarlo a él.
No iba a ser Rey. Era un monstruo.
Y las bestias no se enamoraban, nadie las amaba.
Se dirigió a su alcoba, necesitaba calmarse, respirar profundamente y volver a ser él mismo. Un leve sonido de pisadas le llamó la atención. Era el primer ser vivo con el que se cruzaba desde que había salido en busca de sus progenitores.
Siguió el sonido, se dejó llevar como si fuera un leve cántico y no fuera capaz de escapar de aquello. Caminó lentamente hasta ver quién era.
Era la misma joven que había visto por la noche en la torre, la joven se escapaba a hurtadillas de su habitación. Mala idea, ¿no sabía lo peligroso que era?
Sonrió y aprovechó las sombras del pasillo.

***

Si la iban a tener encerrada que se lo pensaran dos veces, no había nacido aún la persona que pudiera tenerla en algún lugar sin su consentimiento. Ya tenía mucha experiencia huyendo de su madre, aquel lugar había resultado ser pan comido.
Cerró con sigilo la gran puerta de madera de la habitación y comenzó a marchar por el pasillo. Debía encontrar a las brujas y hablar con ellas, si ellas la habían traído ellas se iban a encargar de devolverla a su tiempo. No pensaba quedarse allí ni un minuto más de lo necesario.
Un hormigueo en la nuca la hizo detenerse y buscar tras ella a alguien, no encontró nada que le indicara que había alguien más que ella misma en aquel pasillo.
Siguió caminando, muy atenta con no toparse con la reina ni con Thorn, ellos la devolverían a la alcoba y le dirían que descansara. No había podido dormir nada esa noche. Tras ver al dragón necesitaba respuestas y las necesitaba ya. No soportaba tanto misterio y estar en un lugar que no conocía.
Bajó las escaleras, aquel lugar estaba tan en calma que le producía escalofríos, era extraño que un lugar tan grande no fuera transitado por gente. Justo cuando bajó el último escalón un guarda entró en su campo de visión. Él fue directa a ella y Lisel no supo si salir corriendo de allí. El miedo la bloqueó y antes de darse cuenta tuvo al guardia ante ella.
–Debe acompañarme señora. ¿Por dónde se ha colado al castillo?
–¡No me he colado! ¡Thorn me conoce!
Lo vio entornar los ojos y reír.
–¿Así que conoces al príncipe? ¿Has querido pasar una noche con él?
Lisel se sorprendió con a pregunta, al parecer aquel hombre tenía una fama un tanto curiosa.
–¿Yo? ¡Por supuesto que no!
El guardia pareció apiadarse de ella y le sonrió.
–Venga conmigo, la acompañaré hasta la salida y no le diré a nadie tu intromisión.
En aquel momento sintió verdadero pánico, volver a la calle con todas aquellas personas posando sus ojos en ella era algo que no podía soportar. Comenzó a forcejear con él tratando de escapar de su agarre, algo que no le gustó al guardia y tiró de ella duramente.
Torpemente, Lisel cayó al suelo de rodillas, pero eso ya no le importó a aquel hombre; la levantó de un fuerte tirón y comenzó a arrastrarla hacia fuera.
–¡Thorn! –gritó suplicante.
No estaba preparada para que la tiraran en medio de la plaza, ella quería buscar a las brujas de forma sigilosa no donde todos pudieran mirarla y señalarla con el dedo.
Un rugido los paralizó a ambos, el guardia soltó su agarre y un segundo rugido le hizo que comenzara a temblar. Tenían algo a sus espaldas pero no estaba segura de si quería saber lo que era.
–Por favor señor. –suplicó el guardia.
Antes de que alguien pudiera respirar algo cayó sobre aquel pobre hombre y lo propulsó metros atrás. Lisel gritó de puro terror. Rápidamente algo la cogió de la cintura y la levantó hasta golpear fuertemente la pared.
El aire que contenían sus pulmones se disipó dejándola sin aliento. Trató de respirar pero le fue incapaz y en pocos segundos comenzó a sentir que perdía la consciencia. Notó como la cargaban y comenzaban a subir las escaleras pero todo estaba tan confuso que no era capaz de pensar con claridad.
Para cuando llegaron a la puerta de su habitación ya se encontraba mucho mejor, estaba sobre las espaldas de alguien o algo muy alto.
Fue depositada en el suelo con sumo cuidado, ella pudo respirar lentamente, no sabía si debía mirar, entrar en su cuerpo o huir antes de que la mataran.
Pero no pudo, su curiosidad hizo mirar.
Era un enorme hombre, o al menos tenía la complexidad de uno, salvo por el detalle que debía medir dos metros y medio. Todo él estaba cubierto de unas escamas de un tono rojizo suave, y era tan corpulento que era como estar ante dos hombres. Miró hacia su rostro y sus recuerdos volvieron a la torre, era como el dragón que había visto entonces, sus mismos ojos azules. Era algo demasiado extraño, como un estado entre humano y dragón, quedando entre medio sin alcanzar ninguna de las dos formas.
–Gracias, no quería que todos me vieran. –dijo Lisel.
Él únicamente hizo pequeños sonidos con la garganta. Eso debía significar algo.
­–¿Lo has hecho para ayudarme?
Asintió y no pudo evitar sonreír.
–Has sido muy amable pero otro día no es necesario lanzarlo lejos. No sé si le has hecho daño.
Aquel ser se encogió de hombros indiferente.
Lisel sintió curiosidad y extendió la mano dispuesta a tocarla. Él la miró tan recelosa que sintió que iba a morder en cualquier momento, pero nunca ocurrió, cuando sus dedos tocaron su piel se sorprendió tanto que lo miró a los ojos. Eran tan hermosos que sintió que se perdía en ellos.
–Eres suave.
Y como si aquello hubiera hecho tocar el botón no adecuado, todo estalló como una bomba. Él rugió fuertemente y se alejó corriendo de ella.
Lisel sintió que el corazón abandonaba su pecho, por escasos segundos había pensado que iba a morir. Lo vio alejarse pasillo a través y quiso moverse, trató de mover su cuerpo y no fue capaz. Se apoyó en la pared que tenía tras de sí puesto que sus piernas amenazaban con no sujetarla y dejó que su cuerpo se deslizara lentamente hasta quedar sentada.
Había jugado a un juego peligroso. Se llevó las manos a la cara y se tapó con ellas. Todo era tan irreal.

***

Aidan entró en su habitación en su forma humana, corriendo por el pasillo la transformación había venido a él de forma fuerte y arrolladora. No había podido negarse, de echo casi nunca podía.
Pensó en la mujer, ¿qué había ocurrido?
Cerró la puerta y notó los olores de dos personas en su alcoba, se preparó para pelear pero pronto vio quienes eran: sus padres, Thorn y Naylea.
–¿Qué queréis? –preguntó a mala gana.
–Sabes que tenemos que hablar.

Oh, sí, aquello era una pesadilla y pronto iba a despertar.


14 comentarios:

  1. Precioso y triste a la vez, pobre Aidan... se cree que nadie lo quiere y no es así!!! Me encantó quiero más!!!

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  2. Me encanta!!! Como pudo tocarle y todo! Que emoción!

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  3. Guauuuu¡¡¡¡¡¡ le ha tocado y le gusta, me encanta quiero massssss.

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  4. Me encanta amor! Triste y alegre. Una mezcla fuerte

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  5. Me encanta amor! Triste y alegre. Una mezcla fuerte

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  6. Que bonito! 😍❤️ Me encantó. Ays pobre Aidan y Lisel. Pero que corto se hace 😂😘

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  7. Que bonitooooo, que encuentro más tierno, pobre Aidan nadie le comprende y todos le tienen miedo debe ser difícil poder vivir en paz de esa manera menos mal que ya está Lisel que es una chica moderna! Jajajaa

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  8. Como dicen por aquí arriba, vaya mezcla de sentimentos. Muy intenso. Sigue así

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  9. Este capítulo es muy bonito es triste eso es cierto, además a Lisel la salvo. Así que punto para él.
    Gracias guapa.
    Besos
    Pd. Quiero el ocho ya.

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  10. Qué bonito y triste a la vez!! Me encanta!! Se me ha hecho muy corto

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  11. Holitasss...
    Cada vez más corto el capítulo....������..
    Esa lisel no tiene miedo a nada ya sea un dragón o medio dragón... Jajajajaja jajajajaja.
    Yo estaría cagada por mas del futuro que vaya..
    Una capítulo genial.

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  12. Me encanta, siempre me quedo con ganas de más. Mas largos mas capítulos mas de todo

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  13. Oh Dios mio!!! Me ha encantado este capitulo... Ese encuentro fue muuuuuuy bonito...

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Gracias por comentar.