Conquístame si puedes: Capítulo 9

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Capítulo 9:

Ver a toda su familia reunida en sus aposentos no era buena señal. No quería escuchar lo que querían decir porque Thorn ya le había revelado parte de lo que ocurría. Les miró a cada uno, haber vuelto a la forma humana había hecho que aquello fuera más fácil.
–¿Qué queréis de mí?
No era una pregunta que deseaba hacer pero ¿qué podía hacer?
–Esto es un asunto de familia. No sé exactamente cómo empezar a contarlo… –su pobre madre estaba nerviosa.
–No volveré a ser bestia en un rato, aprovechad.
Todos los presentes habían vivido en algún momento de su vida una transformación cerca de él. Eso había hecho que le temieran mucho más que el resto de personas en el reino, toparse con su otro yo no era agradable. Su hermana Iara lo sabía bien, poseía una terrible cicatriz en la espalda. Había estado al borde de la muerte y, por suerte, lo había superado.
–Como sabes eres el sucesor al trono. –su padre tenía un tono neutro, sereno, era el único que podía mantener la calma en aquellas situaciones.
–No lo soy. –gruñó Aidan.
Iara se removió incómoda en su asiento, no toleraba su presencia, no es que la culpase de echo la comprendía perfectamente.
–Siempre hemos preparado a Thorn debido a tu maldición para ser Rey pero, hemos llegado a la conclusión de que debemos darte una oportunidad. Es tu derecho de nacimiento.
Puede que fueran las palabras de su madre pero todo eso olía a decisión de su madre de lejos, no necesitaba preguntar para saber lo que era obvio. Ella se había sentido culpable por la bestia toda su vida y tratada de hacer de su vida algo normal y mejor. Quiso decir tantas cosas… pero se contuvo, necesitaba saber la historia completa para acabar hablando después.
–He mandado llamar a todas las princesas en edad de casarse de los reinos vecinos y algunos han contestado positivamente. Vienen de camino.
Y aquello fue como dejar caer un jarro de agua sobre su madre. La reina giró la cabeza lentamente hacia su esposo y le preguntó sorprendida:
–¡¿Qué habéis hecho qué?!
Henry vio que había cometido un error y comenzó a temerse lo peor.
–Me dijiste que debíamos casar a Aidan. ¿Cómo hacerlo sino?
La reina Hellen se llevó las manos a la cabeza, suspiró pesadamente y arrugó su vestido cuando tornó las manos sobre su regazo.
–Te dije que yo me encargaría. Llamé a las brujas para que hicieran un hechizo.
–Uno que trajo a Lisel. –comentó Naylea contenta.
Entonces, Thorn se levantó y encaró a sus padres.
–Le has prometido que la devolverás a su tiempo.
Sorprendentemente, el mujeriego de su hermano estaba preocupado por alguien más que no fuera él. Eso le resultaba extraño, y un agradable cambio.
–Y están buscando la solución pero ¿y si se enamoran antes?
La esperanza de su madre era inocentemente infantil, buscaba su felicidad y eso la hacía ser una gran mujer.
–Si esa tal Lisel va a marcharse he hecho bien de llamar a princesas.
Y allí mismo estalló una guerra sangrienta donde ninguno podía ganar. Todos comenzaron a hablar entre ellos discutiendo sobre la mujer que la magia decía que podía ser suya. La idea le resultaba inquietante, por alguna razón creían que la bestia podía convivir con alguien sin desear su muerte.
Nadie podía amarle, nadie podría estar con él jamás y si era cierto que aquella mujer venía de un lugar muy lejano, era mejor que regresara a su hogar.
–Basta… –dijo cansado de verles discutir pero todos le ignoraron.
Siguieron hablando y alzando la voz como si él no estuviera en aquel mismo lugar. Su hermano defendía la idea de que Lisel no era para él, sino que era de su propio tiempo y que arrancarla de su hogar era una idea cruel y egoísta. Su padre únicamente deseaba resaltar de que había tomado la decisión correcta. Naylea se negaba a que Lisel se marchara porque deseaba una amiga y su madre se encontraba en una dualidad, deseaba que la dama volviera a su hogar pero que ocurriera el milagro de que ambos estuvieran juntos.
Aidan rodó los ojos, aquello resultaba agotador, no comprendía porqué se tomaban tantas molestias. Él era y seguiría siendo una bestia, eso nada lo iba a cambiar y debía permanecer solo.
Iara se levantó y, rodeándolo a una distancia prudencial, se dirigió a la puerta, no sin antes decirle:
–Buena suerte hermano, no sé si alguna vez se pondrán de acuerdo.
Él le asintió y salió con ella de los aposentos, algo de lo cual no se percataron los demás. Sonrió al ser libre de aquel caos de familia y caminó con su hermana durante unos metros.
 No se acercaba a Iara, habían aprendido a mantener las distancias.
–Algún día tratarán de casarte a ti.
Y ella llevaba preparándose toda la vida, aspiraba a ser una buena y típica esposa. Era la más estudiosa y la que más labores hacía, amaría a su esposo sin conocerlo y sería una buena madre.
–Primero te casarán a ti.
Eso había sido un golpe bajo, demasiado.
–No voy a ser rey.
–¿Crees que tu bestia nunca te dejará?
–Nunca lo he visto como una opción. No sé si alguna vez se volverá dócil o seguirá siendo la sanguinaria que es.
Eso fueron unas palabras muy desafortunadas, rápidamente su hermana entró en jaque y caminó rápidamente hacia sus aposentos. Quiso disculparse pero ya no había palabras suficientes para cambiar lo que un día sucedió, lo que había quedado gravado en su mente para el resto de sus días.
–Podrías ser un buen Rey.
Las palabras de Iara le sorprendieron, quiso decir algo pero ella fue demasiado veloz y cerró la puerta mucho antes de poder pensar algo. A veces, su hermana era demasiado buena con él. No comprendía cómo había podido llegar a perdonarle ya que él no lo había hecho.
–Me ves con buenos ojos, nunca dejes de ser la dulce mujer que eres. –susurró sabiendo que ella jamás lo sabría.
Un leve ruido hizo que sus sentidos se pusieron en alerta. Quiso negarse a ir pero algo dentro de él le atrajo lentamente. Sus pasos le llevaron hasta una puerta que no quería abrir, por muchos motivos no debía estar ahí. La magia se equivocaba, aquella mujer no era para él.
Giró sobre sus talones y quiso irse de allí, pero se sintió culpable. Sus oídos escuchaban como ella comenzaba a hiperventilar. Se puso en su lugar y un sentimiento similar a la culpa se instaló en su pecho. Ella estaba allí por su culpa, por que su madre quería algo mejor para su hijo y Lisel había pagado las consecuencias.
No podía marcharse, no sin sentirse demasiado culpable. Era como si necesitara reconfortarla. Así pues, tomó una decisión, la ayudaría a sentirse mejor pero nunca más se acercaría a ella. Pronto se marcharía y él volvería a sus rutinas de transformaciones y dolor que era, al fin y al cabo, su vida.
Abrió la puerta lentamente, se coló en su habitación y la vio sobre la cama. La muchacha estaba en posición fetal y estaba perdiendo los nervios. No sabía cómo ayudar pero hizo lo que creyó que podía ayudar.
La tomó en los brazos y el contacto hizo que todo él vibrara. El contacto humano le resultó extraño, llevaba demasiado tiempo sin tocar a nadie y mucho menos sin tomar a nadie en brazos. Habían pasado años desde que había estado tan cerca de una mujer sin tener parentesco en común.
La ayudó a respirar y notó que se estaba durmiendo, la instó a que no peleara y dejara vencer al sueño. Finalmente el peso de su cuerpo le indicó que había logrado quedarse dormida y la tumbó en la cama.
–¿Y quién me cuidará de ti?
Cuando comprobó que no la escuchaba pensó la pregunta detenidamente y contestó:
–Todos, excepto mi madre nadie cree que pueda estar cerca de alguien. Ni siquiera yo.
–Liam ven a buscarme.
Aquel anhelo en su voz le indicó que aquel nombre era una persona importante en su vida. ¿Un esposo quizás? ¿Un amante? Tal vez en su mundo ya había contraído matrimonio o tal vez era el nombre de un hijo. Eran demasiadas preguntas y decidió que no necesitaba las respuestas. Ella se marcharía pronto.
Su bestia se removió en su interior algo peligroso, no la notó enfadada, sino como expectante. Era como si se moviera por todo su cuerpo y esperase por salir.
–Ahora no, tendrás tu momento. –se dijo a sí mismo.
Su cuerpo no soportaba más transformaciones.
Decidió que era mejor alejarse, estar cerca de ella era peligroso, lo perturbaba y comenzaba a preguntarse cosas sin sentido. Pero había necesitado el contacto, el hacerla sentir mejor y verla descansar.
Se tumbó a su lado y olfateó el aire, estaba tan profundamente dormida que no notaba nada y se quedó ahí, mirándola a la cara sin parar. Era extraño y a la vez agradable, tenía un rostro bonito y una piel delicada.
Y los recuerdos de todas sus muertes le vinieron a la mente. La bestia había asesinado a demasiadas personas para que alguien pudiera estar seguro en la intimidad.
Era el momento de marcharse, debía cuidar de no dañarla y la mejor manera era mantenerse lo más alejado posible. Sí, era mejor no volverla a ver nunca más.
–Cuídate Lisel y no permitas que mi madre te haga volver a este tiempo.
Acto seguido, estaba cerrando la puerta de los aposentos quedándose fuera.
–Te he visto. –la voz de Naylea le provocó un respingo.
Ella la miraba con ojos dulces y emocionados, los típicos de una joven muchacha que creía en los cuentos de de hadas y que esperaba que su príncipe azul llegara en un blanco corcel para pedirle matrimonio. Lo que no sabía que vivía en el castillo con el dragón y que él no iba a permitir que cualquiera se llevara a su dulce hermana.
–No ha ocurrido nada.
–Te has acercado a ella, eso ya es algo.
–No, necesitaba ayuda. –se estaba justificando demasiado mal y su hermana lo miraba tan divertida que era imposible ganar.
–Tal vez… solo tal vez.  –canturreó pasillo abajo.
Sí, lo tenía claro, las mujeres de su familia estaban locas. No iba a ser Rey, no iba a controlar a la bestia y mucho menos iba a tomar a Lisel por esposa.
Él era Aidan, la bestia, el ser maligno que había llegado para atormentarlos e iba a vivir toda su vida siendo un monstruo.



13 comentarios:

  1. Pobre Aidan,que triste es sentirse un peligro para su familia :(

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  2. Ooohhh que bonito, pero que mal me siento por el pobre Aidan. Esperemos que el cuento de hadas sea posible y pyeda tener una vida algo menos triste y tragica. 😘

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  3. Creo que me he enamorado!!!..
    ������...
    No se si de Thorn o Aidan...
    Jajajajaja jajajajaja...
    Pero la vida de Aidan es tan trágico. Da penita.

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  4. Creo que me he enamorado!!!..
    ������...
    No se si de Thorn o Aidan...
    Jajajajaja jajajajaja...
    Pero la vida de Aidan es tan trágico. Da penita.

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  5. Me encantó el capítulo pero mi Aidan pparecido... me da mucha pena que pase esto... pero quiero seguir leyendo

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  6. Uy! Uy! que se lia, pobre Aidan.
    La que se lió, sobre todo por la pobre Lisel
    Ese momento en el que se mete en la habitación es precioso.
    Me encanta Nay, es tan.... ella.

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  7. Pobre Aidan.... Menos que están sus hermanas para ayudarle!!! Como me gusta la escena en la que se encuentran Lisel y Aidan

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  8. Wow, qué pasada!
    Su familia, desde luego, es un caso: ahora resulta que su padre le organizó una “caravana de mujeres”!! Este pasa por la vicaria fijo! Porque con tanta casamentera suelta…
    Me encantó saber más de Aidan. Leer su versión de cuando arropó a Lisel es de lo más tierno, pero da mucha pena porque el pobre chico sufre muchísimo!
    Y que se contara algo de su hermana Iara también estuvo muy bien, poco a poco los vamos conociendo a todos. Me gustó mucho este personajes.
    Y Naylea… es la monda.

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  9. Pobre Aidan tendrá que pasar por una recepción de mujeres desesperadas por ser la escogida jajajaja

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  10. ayyy, qué pena me da Aidan. Voy a leer el capítulo que me queda

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  11. Creo que mis suposiciones fueron erroneas jajaja al final fue Aidan el que la abrazaba... Mi vida que lindoooool!!!!

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